×

Aviso

Directiva Europea de Privacidad

Este sitio utiliza cookies para manejar autenticaciones, navegación, y otras funciones. Para usar este sitio, debes aceptar la utilización en tu dispositivo.

Ver Politica de Privacidad

Ver e-Privacy Directive Documents

Ver GDPR Documents

Has rechazado la utilización de cookies. Esta decisión puede ser revertida.
Queridos hermanos: Continuamos con algunas restricciones a nuestra movilidad, pero vamos perfeccionando nuestra paciencia y espera en la voluntad del Señor, de tal manera que su providencia y nuestra comunión con el nos dan calma y seguridad en su voluntad.

La Biblia nos habla de que los creyentes, rescatados de nuestra antigua condición de rebeldes a Dios, expulsados a causa de nuestros pecados de una relación personal y cercana a el, ahora al estar en Cristo somos convidados a una comunión intima con el Dios que nos ha perdonado y limpiado de nuestros pecados por la obra de la cruz, realizada por su Hijo Jesús, el Cristo. Ya David en el Sal.25:14 reconocía ”la comunión intima de Jehova es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” . Todas las promesas de Dios que encontramos en la Biblia y son la base de nuestra segura esperanza, son dadas exclusivamente para aquellos que aman a Dios. Solo ellos pueden disfrutar de tantas y tan grandes bendiciones que Dios da y dará. Y todo esto esta garantizado por el Dios todopoderoso: 1Co.1:9 “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor” . Y es que la salvación lograda por Jesús que nos reconcilio con Dios nos regala esa comunión “Que es verdaderamente con el Padre y con su Hijo Jesucristo” 1Jn1:3; también nos llama a la santidad “Si decimos que tenemos comunión con el y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad” 1Jn1:6; y también nos reclama nuestra incorporación a la Iglesia: “Pero que también vosotros, tengáis comunión con nosotros” 1Jn1:3.

La palabra comunión nos habla de “compartir el mismo regalo” (gracia, don espiritual). Nuestra salvación tiene una dimensión comunitaria “comunión es vocablo específicamente cristiano y denota la común participación en la gracia de Dios, en la salvación de Cristo y en la inhabitación del Espíritu, que es el derecho de primogenitura espiritual a todos los creyentes cristianos. Es su común del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo lo que les hace ser uno” -John Stott. Y esta “juntura” de creyentes significa comunidad que a su vez implica solidaridad, solidez “lo que esta firmemente cimentado”. La comunión con Dios y la comunión con los cristianos son inseparables “El que ama a Dios ame también a su hermano” 1Jn4:21. Dios llamo a los creyentes, los quito, los segrego de lo mundano (no os conforméis a este siglo) para unirlos, congregarlos en la grey de Cristo donde juntos, unidos podemos “transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento para que comprobemos cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Ro.12:2. Por pertenecer al mismo cuerpo de Cristo, todo creyente es comiembro(1Co.12:13ss) con todos sus privilegios y responsabilidades.

Tenemos pues que comprometernos en la vida espiritual y edificación de los hermanos que tenemos cerca. Y una tarea principal en este orden es orar por ellos. Deseando, buscando y ayudando a que cada hermano cumpla con su tarea como miembro de la iglesia(como coherederos de la salvación). Como arengo Lord Nelson antes de la batalla “Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber”. Los creyentes servimos a alguien mas grande que una nación humana. A Alguien que se hizo semejante a nosotros (excepto el pecado), se humano (participando de carne y sangre) y se humillo hasta lo sumo, y “Siendo Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” Jn.13:14-15. San Agustín comentaba “confesemos mutuamente nuestros pecados, perdonemoslos mutuamente; oremos unos por otros, y así nos habremos lavado los pies espiritualmente”. Ayudar a otros y dejar ser ayudados, he ahí la verdadera humildad. La que aprendemos de nuestro Señor.

Amén.